Sunday, November 12, 2006

AQUI DOY EL PASO... Y LO DIGO...

LA FORMA DE DECIRLO
¿Cómo describirte, amor, rotunda flor de precipicios; cómo decirte, hembra equinoccial estructurada a todo trance, si mis hojas vacías ignoran tus sabores, tus mudanzas, y reptilizan, aun en los espacios más pequeños, cualquier sombra que murmure vanidad, olvido de uno mismo?
¿Cómo entonces comprobarte mi aurora boreal, almizcle de cama, que ardes arterial por mis estepas, que rompes en sonrisa mi más profunda piel y la hinchas de calor en esos días cuando abundas de ternura y yo sólo frecuento la usada –y tan en desuso– palabra amor, y trato de desenredarte los misterios en las manos y entregarte, envuelto en un corazón prolongado en incisivos y deshecho en crótalos, un deshojado león de malvavisco, intentando preceder a los derroches de perfume de los posos encendidos en diciembre para lograr que una puerta, al abrirse, te muestre en entrecortados murmullos, en agitados besos... y obtener al fin tus insomnes confesiones:

“-Quédate conmigo en mi rincón; alza la vista por mi piel; mírame, sumisa de calor estoy por ti, atrapada en tus convulsiones... radiante, turgente, prudentemente saciada, sabiamente macerada, iniciada en tu saliva...” y que finalmente, desalada y sin escudos confieses: “... lascivia soy... toda de ti”.

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